miércoles, 7 de julio de 2010

Un milagro cada año

O CEBREIRO

 EG. Algunos caminan toda la noche. Otros llegan de rodillas. En parte se mueven por curiosidad pero en su mayoría lo hacen por devoción, atraídos por Santa María, por el ancestral ritual de encender una vela en su honor y dar una vuelta de rodillas a su alrededor. A veces la emoción acaba explotando en lágrimas al besar tiernamente al Niño. Son unos treinta mil los romeros que pueden llegar a acercarse a O Cebreiro cada mes de septiembre por la celebración del día de la Virgen. Sesenta mil piernas que recuerdan cada año en la pequeña aldea el Milagro de O Cebreiro.

El de O Cebreiro es uno de los santuarios más antiguos de Galicia, portalón natural de entrada en tierras gallegas para los peregrinos a Compostela pero también, y sobre todo, lugar de referencia para muchos gallegos, con ese carácter tan especial que tenemos, de amasijo de religión, magia, tradición y espiritualidad.

Se sitúa en la cumbre de un área montañosa con una capacidad de atracción mística extraordinaria, la que logra la imagen de Santa María y su Niño –para muchos-; el milenario Camino de Santiago –para otros-; o el cuarzo del subsuelo –para los restantes-, que según dicen da una fuerza inconfundible a estos cerros jacobeos por su capacidad de ayudar al ser humano a serenar su mente y lograr la armonía.

Lo que sí es cierto es que los días 8 y 9 de septiembre allí se puede hasta masticar la fidelidad de las gentes gallegas a su verdadera reina, Santa María, en una procesión que durante horas inunda las dos únicas calles del poblado para lograr llegar hasta el Santuario y ver a la Virgen.

La mayor parte de los romeros se acercan cumpliendo una promesa. Bien porque a lo largo del año habían sido ofrecidos por alguien cercano y tienen que cumplir el compromiso; bien para rogar por la salud –fundamentalmente- de un padre, o de un hijo; o bien porque el 8 de septiembre se ha convertido en fecha obligada de peregrinación a O Cebreiro, una especie de tradición que aseguran no romperán “mientras el cuerpo aguante”.

Sea cual sea el motivo de nuestra visita a O Cebreiro no olvidemos que se trata de la entrada natural a Galicia por los montes de León, la vía de acceso abierta oficialmente por los romanos pero seguro que ya existente desde mucho antes, que se sigue utilizando hoy, piedra a piedra, para llegar hasta Santiago.

Vivir la Romería de septiembre es impresionante. Pero también lo es acercarse cualquier día de otoño para, ya en silencio, visitar el Santuario de un modo recogido y disfrutar del extraordinario paraje, una auténtica paleta de colores verde, ocre, arena, rojo y amarillo. O incluso arriesgarse a hacerlo en invierno, para comprender en toda su extensión cómo hubo de sentirse el campesino del milagro ascendiendo por aquellas montañas entre el frío, el agua y una niebla espesa, para llegar y aún tener que verse burlado.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho todo el tratamiento que se hace del Cebreiro. Completo desde muchos puntos de vista y, según mi opinión, riguroso. Un placer leerlo. he aprendido mucho al hacerlo.

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    1. Muchas gracias Emilio, nos alegra que te haya gustado.
      ¡Buen Camino!

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