domingo, 19 de febrero de 2017

El puente decimonónico sobre el río Lambre, en el Camino Inglés




HdC. En el siglo XIII comenzaron a desembarcar peregrinos del norte de Europa, de manera masiva, tanto en la ría de A Coruña como en la de Ferrol, y con sus pasos dibujaron sobre la geografía gallega el hoy llamado Camino Inglés. Los que echaban pie a tierra en la segunda –en la propia aldea de pescadores de Ferrol o en el puerto más resguardado de Neda- emprendían camino hacia el sur con Compostela en la mente. 
 
Así, daban la vuelta a aquella ría, cruzaban el Eume por el gran puente que aún ahora –con una profunda reforma del XIX- se conserva y se encontraban con otro río no muy caudaloso pero incómodo de salvar: el Lambre. De manera que el mismo señor feudal que mandó construir el puente sobre el Eume ordenó levantar otro sobre esa misma corriente. Y así se hizo, en estilo gótico.

Sin embargo, el itinerario oficial del siglo XXI no va por ahí, lo cual constituye evidentemente un error histórico. Cuando el peregrino llega a Miño desciende hasta el Ponte do Porco, una aldea en un espacio natural protegido. Y ahí, en el siglo XIX, se irguió otro puente más, todavía en uso. Lo inauguró la mismísima reina Isabel II en el año 1862 y sigue viendo pasar peregrinos, que suelen detenerse a hacer fotos, ignorantes de que inmediatamente después les espera una gran cuesta. Pero, ¿para qué desanimar a nadie?

martes, 7 de febrero de 2017

A Pancha, la primera visión gallega cuando el peregrino sigue el Camino Norte





HdC. Han quedado testimonios escritos de lo duro que era en ocasiones pasar la ría que forma el Eo. Es decir, cruzar con el barquero desde la orilla asturiana hasta la gallega. O para ser más exactos, desde la localidad de Castropol a la de Ribadeo. Las corrientes eran y son fuertes, y más de un peregrino creyó que hasta ahí había llegado en la vida.

El barquero ya no existe, y un muy moderno puente une ambas riberas. Incluso en la punta oeste de esa ría, allá donde el Cantábrico bate con ganas, continúa hoy como ayer resistiendo como puede los embates una isla de pequeñas dimensiones conocida en la cartografía como A Pancha

Por supuesto que la línea de costa no era exactamente igual que ahora cuando en los siglos XII o XII o posteriores pasaban por ahí los peregrinos, pero la modificación tampoco ha sido extrema. Así que los devotos de entonces divisaban la isla. En estos días también, aunque el trazado oficial del Camino Norte –patrimonio de la humanidad desde hace año y medio- no pasa justamente por ahí. Pero nadie puede negar que forma parte de la primera imagen que el recién llegado por esa ruta jacobea tiene de Galicia.

De manera que la recomendación, si se dispone de tiempo –o sea, si se va a pernoctar en Ribadeo, donde abre sus puertas un albergue público- es caminar hacia el norte, dejar atrás el estupendo parque etnográfico y alcanzar la isla A Pancha, con sus dos faros, el moderno y el que está en desuso. En el cual, por cierto, se quiere construir un hotel con sólo dos habitaciones. Pero esa sí que es otra historia.

jueves, 2 de febrero de 2017

Una de las hidrias en las que Jesucristo convirtió el agua en vino está en el Camino Inglés



HdC. Camino Inglés desde A Coruña. En la primera jornada el peregrino pasa ante la colegiata de Cambre. Tiene ante los ojos un magnífico edificio románico arrasado tanto por ingleses como por franceses. Cinco ábsides. Girola o deambulatorio por detrás del altar mayor que habla por sí sola de la cantidad de visitantes que tenía. Y a la entrada, a la izquierda, una pila bautismal de cuidada ornamentación y que desde luego no pasa desapercibida.
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¿Cuál es su historia? Aquí no hay documentos. Aquí hay tradición oral, con todo lo mágico que ello conlleva y también con la deformación propia de la transmisión boca a oreja. Y esa tradición oral, convertida en leyenda, afirma que se trata de una de las hidrias de Caná en las que Jesucristo transformó el agua en vino. Sí, desde luego, está hecha con un tipo de piedra inexistente en Galicia, y sí, desde luego también, fue traída por el caballero Alvito (y al parecer por su hermano también) a su regreso de las Cruzadas.

Humilde, sencillo, arrinconado. Un gran hito del Camino Inglés.

lunes, 30 de enero de 2017

Juan de Ortega, el gran constructor del Camino


O.G.A. En una apacible llanura al norte de la ciudad de Burgos nació Juan de Quintanaortuño en el pueblo del mismo nombre. Corría el año 1080 y poco imaginaban los habitantes de aquellas tierras que el pequeño noble habría de dar a esos parajes una posición destacada en la historia y en la tradición jacobea.

Entregado desde muy joven al sacerdocio, el después conocido como Juan de Ortega se convirtió en fiel discípulo de Santo Domingo de la Calzada y, como él, consagró su vida a hacer del Camino de Santiago una ruta accesible y segura para los peregrinos. Colaboró con su mentor en la apertura de viales y la construcción de puentes y, a la muerte de su maestro, preservó y completó su obra. Fruto de esa dedicación fueron la terminación de la calzada entre Nájera y Burgos y la construcción, entre otros, de los puentes primitivos de Logroño, Nájera, Belorado, Santo Domingo de la Calzada, Cubo de Bureba y Agés. Obras del siglo XII por las que este constructor del Camino es, desde 1971, patrón de los aparejadores y arquitectos técnicos.

Hacia 1112, Juan de Ortega emprendió su propia peregrinación a Tierra Santa, donde se hizo con valiosas reliquias. Sin embargo, tan fructífera etapa en la consolidación de su fe a punto estuvo de suponer el final de su vida y de su obra. Una terrible tempestad sacudió el barco en el que realizaba la travesía de regreso con tal furor que parecía imposible vencerla. Pero Juan logró sobrevivir tras invocar la protección de San Nicolás de Bari, a quien, en agradecimiento, prometió erigir una capilla en su honor.

A su regreso, en 1114, decidió retirarse en los Montes de Oca y eligió concretamente un lugar llamado Ortega, un rincón inhóspito enclavado en el Camino de Santiago donde eran frecuentes los asaltos de bandoleros a los peregrinos. Allí edificó la capilla de San Nicolás, superando los continuos ataques de los bandidos, que derribaban, una y otra vez, lo que se iba construyendo. Pero el empeño era decidido y, bajo la protección de doña Urraca y de Alfonso VII, Juan no solo logró concluir la capilla sino que, ante el auge que alcanzaban las peregrinaciones, construyó también un albergue para peregrinos. Ortega pasó de lugar peligroso a refugio seguro.

El eco logrado por la obra de Juan de Ortega atrajo a personas dispuestas a colaborar en su labor hospitalaria, creándose una creciente comunidad que había que organizar. Se inició así la construcción del Monasterio de San Nicolás, que a principios del siglo XIII pasó a llamarse Monasterio de San Juan de Ortega.

Allí murió su santo fundador el 2 de junio de 1163, después de que, cumpliendo su petición, fuera trasladado al monasterio al caer gravemente enfermo encontrándose en Nájera. Y allí está enterrado en un artístico sepulcro que fue mandado labrar por Isabel la Católica como agradecimiento por haber tenido un hijo varón, favor que la reina atribuyó a la intercesión del santo constructor de puentes.

Hoy San Juan de Ortega es uno de los puntos más destacados de la Ruta Jacobea y en su iglesia puede contemplarse, en los dos equinoccios, el llamado Milagro de la Luz, un fenómeno que se produce al iluminar un rayo de sol desde un ventanal el capitel de la Anunciación de la Virgen y que atrae en esas fechas a cientos de visitantes.


Ilustración: Daniel Pino

miércoles, 25 de enero de 2017

El puente de Sigüeiro, del siglo XIV y en el Camino Inglés, sigue viendo pasar peregrinos


HdC. El río Tambre, muy caudaloso incluso en el verano, siempre fue una barrera para los peregrinos que a partir del siglo XIII se llegaban a Santiago de Compostela siguiendo el Camino Inglés. Es decir, desembarcando en los puertos de A Coruña, O Burgo, Ferrol y Neda (y algunos otros de manera accidental) y dirigiéndose al sur, a Compostela.

Hoy en día el Tambre une o separa, según cómo se mire, los municipios de Oroso y de Santiago. Y el puente que se levantó en el siglo XIV por orden del todopoderoso noble Fernán Pérez de Andrade sigue en su sitio: ancheado en el XX, sobre él pasa la carretera nacional y por sus aceras transitan los peregrinos que acometen la última etapa hasta la plaza del Obradoiro, 16 maravilloso kilómetros.

Si ignora si sustituyó a otro anterior, de madera, o no. Todo apunta a que sí, porque no hay ningún testimonio de barcas o balsas para ir de una orilla a otra, lo cual tampoco es de descartar por completo. Pero ante la realidad (cientos y cientos de peregrinos un año tras otro) el mencionado noble decidió levantar allí una construcción imponente, un puente como no hay muchos de aquella época con sus seis vanos.

Fue, además, escenario de un enfrentamiento espada en mano entre dos caballeros medievales, Álvaro Pérez de Moscoso y su gente contra Gómez Pérez das Mariñas ya la suya. ¿La causa? Una mujer.

lunes, 9 de enero de 2017

Una catedral inglesa que acogió a miles de peregrinos rumbo a Compostela





HdC. Es difícil reconocer por la foto a la catedral más emblemática del Camino de Santiago en Inglaterra. Porque no inmortaliza la fachada, claro está, y la parte trasera resulta poco conocida incluso para los que han tenido la suerte de visitarla. Y es lo que la imagen recoge es el exterior del punto final del templo. O sea, para entendernos, donde deberían estar los ábsides si los hubiera, que no los hay.

En esos mismos campos descansaban los peregrinos antes de que las ideas de Lutero se extendieran por Europa y antes de que Enrique VIII ordenara cortar la cabeza a quienes tuviesen la idea de marchar a Santiago, porque eso iba contra su muy real parecer. Hasta ese momento llegaban hasta ahí procedentes de la cercana abadía de Finchale, y a su vez a esta arribaban tras un viaje peligroso por mar desde lo que en la actualidad son los países nórdicos y el norte de Alemania.

Esta catedral no es otra que la de Durham, fundada cuando el siglo XI tocaba a su fin y que jamás dejó de ser un relevante centro religioso, si bien hoy es un templo anglicano. Arquitectura normanda pura que la Unesco declaró patrimonio de la humanidad en 1986.

Hoy en día vuelve a haber peregrinos en Durham. Dos años de trabajo culminaron en la primera peregrinación en medio milenio. El calendario marcaba junio del año pasado. Un hito histórico.

viernes, 9 de diciembre de 2016

San Paio de Buscás, en el Camino Inglés




HdC. El Camino Inglés tiene dos puntos de partida: A Coruña y Ferrol, de mayor relevancia histórica el primero, mucho más frecuentado hoy en día el segundo. Y uno y otro se unen en un alto, muy cerca del albergue de Bruma. A partir de ahí son uno, y por unas pistas asfaltadas –itinerario francamente mejorable, para qué negarlo- el peregrino comienza a descender de manera casi imperceptible por un trazado cómodo. Y hora y media después de haber arrancado de Bruma -con su albergue público y desde hace poco tiempo con su bar- va a pasar ante la parte trasera de la pequeña iglesia de San Paio de Buscás, un ejemplo del sencillo arte rural gallego.

El templo es de orígenes románicos, pero sufrió reformas en los siglos XVIII y XIX. Los muros, como sucede a menudo en Galicia, son de granito, pura cantería, que definen una sola nave con cubierta a dos aguas. La puerta está enmarcada por arquivoltas que adornan un arco de medio punto, vigilada desde arriba por una pequeña ventana rectangular. La espadaña es de doble cuerpo con dos arcos de medio punto y coronamiento triangular. 

En todo eso debe fijarse el peregrino. Pero sin duda lo que más le va a llamar la atención de este hito del Camino es la cromática imagen de San Paio –en la foto que acompaña a estas líneas- sobre la inscripción “S. Pelayo. 1737”. Pues eso: foto obligada.


martes, 22 de noviembre de 2016

Una calle compostelana fuera de murallas y ajena al ladrillo y el cemento




HdC. Comenzó siendo un camino que arrancaba de la ciudad amurallada de Santiago dejando atrás la Puerta de la Gloria. O sea, aquella que cruzaba el cuerpo sin vida de los peregrinos que habían llegado a Compostela pero que habían entregado su alma sin poder volver a casa. Su cementerio está hoy bajo un espacio ajardinado detrás de lo que es el Ayuntamiento local esperando a que al menos un panel o un placa recuerden a las miles de personas que descansan para siempre allí.

Tras la Puerta de la Gloria, el camino fue testigo de cómo en sus márgenes se iba levantando vivienda tras vivienda, y la vía acabó siendo una calle de nombre Hortas o Huertas; no hay que explicar por qué.

Y aunque en efecto queda fuera del mimado recinto medieval, la especulación, el cemento y el ladrillo no hay llegado hasta esa rúa bien conocida. Y es que todos aquellos que emprenden la llamada Prolongación a Fisterra-Muxía se despiden de Santiago descendiendo por ella.